En un mundo empresarial con dinámicas en constante cambio, las organizaciones enfrentan el desafío por equilibrar la seguridad con la innovación. Esto se vuelve especialmente complicado cuando los modelos de seguridad son dogmáticos y cerrados, diseñados con protocolos estrictos que protegen los activos más valiosos de una organización. Sin embargo, surge una pregunta crucial: ¿es posible hablar de disrupción en estos entornos sin comprometer la solidez de sus normas? Están invitados a descubrir cómo introducir nuevas ideas en un modelo de seguridad tradicional, manteniendo intactos los protocolos y los procedimientos que lo sustentan.
Entendiendo los conceptos clave desde el inicio
En este contexto, la disrupción se refiere a la introducción de innovaciones o mejoras en un modelo de seguridad tradicional sin alterar sus formalidades, optimizando su eficiencia y capacidad de respuesta, pero sin comprometer la estabilidad ni la integridad del sistema.
La innovación se debe entender como la implementación de nuevas tecnologías, procesos o enfoques dentro de un modelo de seguridad acostumbrado, con el objetivo de mejorar su efectividad y adaptabilidad sin alterar los procedimientos establecidos.
La innovación disruptiva va enfocada entonces, a la incorporación de cambios radicales o tecnologías novedosas que transforman significativamente un modelo de seguridad estandarizado, pero sin romper ni comprometer sus estrictos protocolos, mejorando su eficiencia y capacidad de respuesta frente a las dinámicas criminales y los nuevos desafíos.
El dilema entre disrupción e inflexibilidad
La seguridad, por su naturaleza, es un sistema basado en reglas claras y prácticas probadas.
La disrupción, por otro lado, implica un cambio que desafía el statu quo. En los modelos de seguridad tradicional y dogmática, cualquier modificación puede ser vista como una amenaza a la estabilidad.
Este dilema genera resistencia, ya que el enfoque tradicional considera que la modificación del protocolo equivale a exponer vulnerabilidades. Sin embargo, la disrupción no necesariamente implica romper las reglas ni los procedimientos; puede enfocarse en redefinir los métodos dentro de los mismos límites de seguridad establecidos.
Innovación sin romper los protocolos
Para hablar de disrupción en un modelo de seguridad cerrado, es fundamental comprender que la innovación no tiene por qué significar la eliminación de los protocolos existentes. La clave está en encontrar maneras para mejorar el sistema dentro del marco ya establecido.
En lugar de plantear cambios radicales que alteren los pilares fundamentales, se puede proponer la adopción de tecnologías emergentes o de procesos alternativos que se alineen con los objetivos de seguridad sin romper las barreras del sistema. Por ejemplo, la implementación de inteligencia artificial en el monitoreo de datos, análisis de información o la adopción de análisis predictivos de riesgos, pueden mejorar la eficiencia sin desafiar los protocolos base.
El lenguaje importa: ¿Cómo presentar la disrupción?
Uno de los mayores obstáculos para introducir ideas disruptivas en la seguridad es la forma en que se comunican. En entornos donde el cumplimiento de normas es riguroso, hablar de “disrupción” puede generar una reacción negativa. Es esencial usar un lenguaje que resuene con el enfoque tradicional, mostrando que la disrupción no es un sinónimo de descontrol, sino de mejora.
Por ejemplo, en lugar de usar términos como “romper con lo establecido”, es más efectivo hablar de “evolución controlada” o “adaptación estratégica”. Este cambio en el lenguaje permite que la disrupción sea vista como una extensión natural del protocolo existente, en lugar de un peligro que debe ser evitado.
Disrupción silenciosa: Cambios graduales
En modelos de seguridad altamente estructurados, los cambios pequeños y graduales son muchas veces más efectivos que las reformas radicales. Este enfoque de disrupción silenciosa implica la introducción de innovaciones de manera incremental, permitiendo que el sistema las asimile sin causar desestabilización.
El ejemplo clásico de este enfoque son los ajustes operacionales. Si bien los protocolos pueden seguir siendo los mismos, el ajuste en la forma en que se ejecutan (como mejorar la eficiencia en la vigilancia u optimizar el tiempo de respuesta a incidentes) genera disrupción sin desafiar las normas.
La tecnología como aliada de la disrupción controlada
Las soluciones tecnológicas ofrecen una gran oportunidad para integrar disrupción sin romper la estructura de seguridad. Al utilizar herramientas como la automatización de procesos o la inteligencia artificial, es posible aumentar la capacidad de respuesta, minimizar el error humano y anticipar riesgos, sin modificar los protocolos o procedimientos.
Por ejemplo, una organización puede adoptar sistemas de ciberseguridad automatizados que analicen grandes volúmenes de datos en tiempo real para detectar amenazas sin comprometer el proceso de auditoría o intervención manual. De este modo, la tecnología actúa como un refuerzo al sistema, sin eliminar las barreras de control que aseguran el cumplimiento de los protocolos tradicionales.
Formación continua: La clave para una disrupción responsable
Un enfoque disruptivo en seguridad también debe contemplar el factor humano. Capacitar al personal de seguridad sobre los beneficios de nuevas tecnologías o prácticas dentro del marco de sus responsabilidades ayuda a que la disrupción sea percibida como una herramienta, no como una amenaza o un riesgo.
Además, la formación continua permite una actualización constante de habilidades y conocimientos, manteniendo al equipo preparado para implementar mejoras sin desafiar la estabilidad del sistema. Es vital que el personal de seguridad entienda que la innovación está a su servicio y no al revés.
Medir el impacto sin comprometer la seguridad
Un aspecto crítico de cualquier disrupción en la seguridad es la evaluación de su impacto.
Es necesario contar con mecanismos de medición e indicadores de gestión que analicen los resultados de las innovaciones introducidas. Esto permite ajustar o detener un cambio si se detectan riesgos, minimizando el potencial de comprometer la seguridad.
La medición del impacto, al estar alineada con los estrictos protocolos de seguridad, actúa como una herramienta de control adicional. De esta manera, se puede integrar la disrupción con un enfoque metódico y calculado que no sacrifica la integridad del sistema.
La evolución natural de la seguridad
Al final del día, el verdadero objetivo de cualquier modelo de seguridad, incluso el más rígido, es la protección eficiente de la organización, los trabajadores y de sus activos. Las innovaciones bien planteadas pueden ayudar a mejorar esa eficiencia sin poner en riesgo la base estructural de la seguridad. Al adoptar la disrupción como un proceso natural de evolución, las organizaciones pueden avanzar en sus capacidades de protección sin tener que renunciar a la estabilidad que ofrecen los modelos cerrados.
La clave para hablar de disrupción en un modelo de seguridad dogmático y cerrado sin romper los protocolos está en encontrar un equilibrio entre la innovación y el respeto por las normas. La evolución controlada, el lenguaje adecuado, la disrupción gradual, la tecnología y la formación continua permiten que este proceso ocurra de manera responsable y beneficiosa, sin comprometer los pilares fundamentales de la seguridad.
La Disrupción como oportunidad
Hablar de disrupción en un modelo de seguridad tradicional no significa destruir lo que funciona, sino optimizarlo. Cuando se adopta de manera cuidadosa y planificada, la disrupción puede ser una poderosa herramienta para mejorar los niveles de protección, manteniendo intactos los protocolos que han demostrado su valor a lo largo del tiempo.